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Consecuencias de la inflación
DANOS HOY EL PAN DE CADA DÍA
Estuvo a punto de cerrar su panadería por el reciente aumento de la harina. Casada y con seis hijos, Andrea Codaro dice ser panadera de vocación.
”Para poder comer tuve que salir a trabajar.” Desde los 14 años que Andrea Fabiana Codaro conoce lo que es el esfuerzo. Siendo la hija menor de una familia muy humilde y numerosa es una más de los 1.213.238 millones de argentinos que no tuvo más remedio que dejar el estudio para dedicarse al trabajo.
Su padre Antonio y su madre María Rosa Giménez se casaron cuando tenían sólo diecisiete. Trabajaron arduamente para que sus hijos tuvieran un plato de comida todos los días. Pero, no siempre les alcanzaba para alimentar a sus siete mujeres y cinco varones.
“El olor tan característico del pan duro que cortaba mi mamá a las mañanas son sensaciones difíciles de olvidar.” Se emociona cuando recuerda su infancia y desde que falleció su padre vive pensando en la falta que le hace.
Con sólo catorce años, Andrea empezó trabajando en la panadería “La Vicentina” en Flores. Como no podía viajar todos los días para volver a su casa, durante la semana, se quedaba a dormir en Capital y los fines de semana tomaba el tren y volvía a su pueblo, Manzanares, ubicada a 60 kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires.
Sentado en uno de los vagones conoció a su marido, César Belliatti. Tres años después, cuando ella tenía diecinueve, se casaron. Al tercer mes, Andrea se quedó embarazada y tuvieron su primer hijo Hernán que con su segunda hija Fernanda son los encargados de manejar en la panadería. Luego vendrían cuatro más: Fernanda, Julia, Laura, Rocío y Agustín que ayer cumplió diez años.
“La Dulce de Manzanares”
La panadería, chiquita pero muy luminosa, que con tanto esfuerzo lograron poner en marcha, es lo que hoy mantiene atareada a toda su familia. Surgió hace un año atrás cuando su marido César pidió $2000 prestados, uno más de los varios préstamos que le prestó el club CUBA, donde es empleado, encargado del club house.
Fue una decisión muy difícil para ellos. Alquilaron el local pero lo tuvieron vacío durante un año entero. La incertidumbre de “lanzar algo nuevo” los asustaba. Más viendo como aumentaban los precios de los productos.
Pero viendo la fascinación que tenía por la repostería su segunda hija Fernanda, de 20 años, después de deliberar con toda su familia, a las once de la mañana la panadería finalmente abrió. Fue el veintidós de junio, un día importante para Manzanares porque se celebraban las fiestas patronales del pueblo.
“La Dulce de Manzanares” como le puso César, es una empresa familiar. Cuenta Andrea, de 42 años, que para ella es muy importante que sus hijos tengan conciencia de lo que es el esfuerzo. Aclara que por más que ella no puede darles todo lo que los hijos quieren, dice que si podría tampoco lo haría. De hecho, gracias al sueldo, de cien pesos, que gana su hija Laura trabajando en la panadería, se pudo comprar su propio celular.
Con la mirada hacia adelante
A pesar de todas las dificultades económicas que tienen, se considera una persona con suerte. Teniendo en cuenta su entorno, agradece que sus hijos no sean ni drogadictos, ni alcohólicos, ni violentos.
Para ella, la unión de su familia es lo importante. Fervientemente católica, lo único que le pide a Dios es que sus hijos estén bien y que no les falte la comida. No se preocupa por lo material, “porque eso va y viene”, pero sí pide para que sus hijos sean buenas personas.
Desesperada, por la situación actual, le encantaría poder mandar a sus hijos a un colegio privado. Pero, con los $3000 del sueldo de su marido y los $500 que gana Andrea con sus changuitas, las cuentas no cierran. Considerando el aumento del 0,85% de la canasta básica, y teniendo en cuenta que se necesita reunir $778,31 para alimentar una familia tipo, Andrea, con seis hijos, muchas veces tiene que pedir plata prestada.
Un alma caritativa
Desde chiquita siempre “mamó” la solidaridad. Asegura que si alguna vez se gana la lotería lo primero que haría sería poner una casa para chicos de la calle. Debido a las cosas que veía, decidió entrar en Caritas donde reparte bolsones de comida.
Pero su alma solidaria no se queda tranquila. Por las mañanas, cuando todavía es de noche, chicos que no tienen que comer pasan por su panadería, “La Dulce de Manzanares” donde Andrea reparte las facturas que le sobran del día anterior.
“El problema está cuando viene más gente a pedir que a comprar”, afirma Hernán, el mayor. Sus hijos se enojan porque a veces su madre no se da cuenta que hay gente que pide y no tiene necesidad de hacerlo.
Envueltos en la inflación
Desde que nació su último hijo Agustín, Andrea comenzó con problemas bronquiales. Durante más de dos años se daba vacunas que eran muy costosas y que para peor, no la curaban. Por eso, ahora tomá un remedio llamado decadrón, para alergias, que la calma, pero la engorda. Ahora Andrea, sonriente y con ojos azules cautivantes, declara tener veinte kilos de más.
Esta claro que no es por comer muchas facturas porque desde que aumentó la harina tuvieron que recortar gastos. La bolsa de harina de cuarenta kilos, que antes compraban a treinta y ocho pesos ahora se consigue a cien. No sólo hay problemas por el aumento, también por la escasez. Sólo pueden comprar hasta cuatro bolsas y además no siempre se consigue la harina cuatro ceros que es la que se usa para preparar las masas y facturas.
Tan complicado es la situación que pensaron en cerrar la panadería al menos por una semana pero su marido, César, lo impidió.
Andrea se disgusta porque a causa de la crisis tuvieron que aumentar los precios. La docena de facturas que antes vendía a cuatro pesos ahora la exhibe a ocho. Por suerte, la calidad de sus productos no bajó y los domingos llega a vender hasta cien docenas de facturas, ganando hasta mil quinientos pesos por día.
Sin embargo, es una más de varios argentinos que con su sueldo muchas veces no le alcanza la plata para pagar los gastos del gas y la luz y no tiene más remedio que pedirles prestado a sus hijos.
Por suerte, Dios perdona nuestras ofensas y la panadera Andrea, como muchos otros, puede tener hoy en su mesa, el pan de cada día.
Como lo vi:
Entré a “La Dulce de Manzanares” muy tranquila. El olor a facturas calientes me daban ganas de comer la panadería entera. Cuando entré, el lugar estaba vacío. Era chiquito pero muy luminoso. De pronto se escuchó una voz que dijo “Mami, entró alguien”. Ahí fue cuando la conocí a Andrea, vestida con un pantalón marrón, una remera rosa y encima tenía un delantal azul, característico de toda pandera. Una persona muy bien predispuesta y sonriente. Me presenté y sin ningún problema, del otro lado del mostrador, empezó a hablar. Hablaba de su familia con tanto amor que era muy grato escucharla.. Su hija Fernanda estaba trabajando en la parte de atrás donde tenían las máquinas. A la hora de estar hablando me pidió si la podía acompañar al lugar donde estaba Fernanda porque ya era tarde y tenía que armar los pastelitos. Después llegó su hija Laura y a los pocos instantes Hernán. Así que estaba la mitad de la familia presente. Fue muy agradable el encuentro, tan bueno fue que incluso me invitó a pasar cualquier otro día para seguir contándome de su vida.
1 comentario por mucho
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Sofía, lindo perfil, lindo personaje, linda panadería.
comentario por Marita Grillo Septiembre 21, 2008 @ 12:11 pmDiste con el tono para un personaje “menor”, para lugar. Es cálido, es íntimo.
Hay muchos descuidos de redacción y eso desluce el texto.
Anticipá tema y género con la volanta. Para eso es el paratexto: guiar al lector, permitirle hacer inferencias sobre el texto, generar expectativas. Tu volanta es “piantalectores”.
TP aprobado.
Saludos, marita